Crónicas de Reencarnación

El escritor Gustavo Marturet, además, es economista de profesión, y trabajador humanitario. Amante del ánime, manga, novelas ligeras de las artes marciales y de la fantasía. Impulsado por la frase: memento mori.
Reseña de su libro
En las llanuras donde los clanes se despedazan en nombre del honor y las sectas ocultan su ambición detrás de doctrinas sagradas, un hombre condenado a morir recibe una segunda vida. El antiguo capitán del olvidado Pelotón 501, despierta luego de la traición que convirtió a sus hombres en sacrificio para los intereses de la Alianza Ortodoxa. Con los recuerdos de una batalla perdida ardiendo todavía en su mente, deberá abrirse camino entre cultivadores despiadados, maestros legendarios y poderes prohibidos mientras la línea entre demonios y justos se desdibuja cada vez mas. En un mundo donde el cielo no concede misericordia y la fuerza decide la verdad, solo una consigna permanece viva entre los sobrevivientes:
¡GLORIA AL DEMONIO CELESTIAL!
¡DESAFÍEN A LOS CIELOS!
¡Desafíen a los cielos!
Lee un fragmento del libro.
Presentamos para ti las primeras frases del libro, para que te aproximes a esta grandiosa novela de nuestro estimado Gustavo Marturet.
CAPÍTULO 1
Habían pasado poco más de tres años desde la creación del Pelotón 501. En el papel, eran la orgullosa vanguardia de la Alianza Ortodoxa. En la realidad, eran el vertedero donde iban a parar aquellos que no tenían ni el linaje ni el dinero para cultivar.
No habían sido moldeados en los pabellones de jade de las grandes sectas, ni poseían raíces espirituales refinadas. Mientras los jóvenes maestros de las familias nobles flotaban sobre las hojas de bambú negro usando técnicas de Qinggong y vestían túnicas de seda tejidas con hilos de oro, los hombres y mujeres del 501 marchaban por el barro. Sus armaduras eran de cuero curtido y escamas de hierro barato, teñidas de un marrón uniforme con el único propósito de que la sangre y la suciedad no resaltaran tanto tras una batalla.
Sus misiones iniciales reflejaban su estatus de "carne de cañón": disolver reyertas en tabernas de mala muerte, escoltar caravanas de arroz entre pueblos polvorientos o cazar lobos mutados en las faldas de las montañas. El esplendoroso mundo del Murim —con sus salones de té perfumados con loto, sus estelas de piedra milenarias y sus inmortales debatiendo sobre el Dao— les era un universo completamente ajeno.
«Protegemos un paraíso en el que nunca se nos permitirá entrar», solía pensar el capitán Go Jin cuando recibía su escueta paga mensual. Aun así, cada moneda extra significaba que alguno de sus soldados podría enviar arroz a su familia o comprar una noche de olvido en un burdel adornado con linternas rojas y vino de sorgo.
El Pelotón 501 estaba formado por los desheredados: campesinos que huían de las hambrunas, bastardos de clanes menores o huérfanos de guerra cuya única alternativa a la mendicidad era empuñar una lanza. Go Jin pertenecía a esta última estirpe. A sus treinta y tantos años, sus ojos oscuros habían presenciado demasiadas veces el lado podrido del mundo.

